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Cuentos chinos sobre la brecha salarial de género.

Brecha salarial
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Negar la brecha salarial de género que padecemos las mujeres, es como negar que la Tierra es redonda. Como negar el evidente cambio climático con efectos imprevisibles que ya experimentamos. Pero eso es fácil. Por negar, se puede negar hasta que nos corre la sangre por la venas. Sólo algún tarado podría defender esos argumentos. Pero si quien lo dice es un grupo con serias aspiraciones a gobernar en este país, el tema ya cambia.

En su ligera verborrea incluyen argumentos como que no puede haber desigualdad salarial porque los sueldos se fijan por convenio. O que hay libertad. Las mujeres podríamos elegir trabajos mejor pagados, pero preferimos empleos donde tenemos más habilidades como la educación, la salud o los servicios. O también, que preferimos trabajar menos. Priorizamos la vida familiar a nuestra carrera profesional. En definitiva, nos culpabilizan de nuestros propios males.

La realidad es que las mujeres tenemos peores condiciones laborales que los hombres. ¡Sí señores! Y esto es un hecho innegable y tangible. En la población activa de España, las mujeres representamos casi la mitad del número total de asalariados, según la EPA. Sin embargo, del total de ocupaciones, hay 87 ocupaciones masculinizadas por 41 feminizadas. Es decir, las mujeres tenemos la mitad de salidas profesionales que los hombres, y estamos excluidas del 17% de los empleos.

Padecemos más índice de precariedad laboral derivada de mayor temporalidad y parcialidad en los contratos. Más dificultad en la conciliación que hace que tengamos que usar de permisos y excedencias por cuidado de menores y familiares enfermos o dependientes.

Tenemos menor presencia en puestos de alta responsabilidad. Menores salarios que los hombres en prácticamente todos los sectores de actividad. Mayor presencia en sectores relacionados con los cuidados, como la educación, la salud, los servicios sociales o tareas administrativas. Actividades y ocupaciones infravaloradas.

La brecha salarial de género es un medidor. Manifiesta las desigualdades y discriminaciones estructurales que enfrentamos las mujeres en distintos ámbitos de la vida. Ocultar esta realidad sirve para ocultar la doble opresión a la que estamos sometidas. Pero esto sólo es un síntoma de una enfermedad que huele a podrido.

No lo olvidemos. Se oprime para explotar. Y esto no es ya un tema sólo de mujeres. Ana Patricia Botín, mujer y presidenta del Santander, no sufre ninguna brecha salarial. Sin ir más lejos, los grandes bancos españoles ganaron un récord de 34.000 millones el pasado año. Negar la brecha de género sirve para tapar a los verdaderos responsables que generan esta enfermedad. Pero tratar sólo el síntoma también. Llamemos a las cosas por su nombre. La enfermedad se llama capitalismo. Una sociedad que genera relaciones de poder, de naturaleza clasista, injusta y profundamente machista.

Acabar con la brecha de género de verdad, sólo es posible con el fin de esta enfermedad. Que no nos cuenten más milongas.

La brecha salarial en números.

Nivel educativoHombres (sueldo medio mensual)Mujeres (sueldo medio mensual)
General (media total)2.530 €2.130 €
Titulados universitarios2.920 €2.540 €
Bachillerato y F.P.2.290 €1.980 €
Certificado escolar o estudios básicos1.750 €1.500 €

Datos del SEPE (Servicio de Estatal Público de Empleo)

Los datos de la tabla se obtienen sacando la media de todos los sueldos que tiene registrados la Seguridad Social, esto incluye los sueldos más altos y los más bajos. Si nos moviéramos en sueldos más frecuentes la cantidad sería inferior. De todos modos, se aprecia una brecha salarial media de 400 € entre hombres y mujeres con la misma formación académica.


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