Entender cómo se dio la Transición española, es fundamental para comprender la situación actual de nuestro país. Y es imposible entender ese proceso histórico sin desentrañar la aguda lucha en juego de las diferente fuerzas sociales del momento.
Por un lado, la disputa mundial entre las dos superpotencias (EEUU y la URSS) como eje vertebral. Por otro, el pilotaje de un cambio de régimen más acorde a los intereses oligárquicos bajo la batuta de Washington. Por último la lucha del movimiento obrero y popular en España por la conquista de sus intereses.
Antecedentes históricos a la Transición.
Tras la IIª Guerra Mundial, los EEUU quedan como el país hegemónico en el mundo. Ostenta una concentración de poder tal, que es capaz de desplegar sus intereses en cada rincón del planeta. En España, esto se plasma con la firma de los Tratados Hispano-norteamericanos en 1953. Se rubrica la alianza entre ambos países, colocándonos en el mundo como un peón estratégico norteamericano. Se establecen bases americanas en nuestro suelo y dejan abierta la puerta para la masiva entrada de capital extranjero, principalmente de EEUU, y la infiltración de la CIA en los aparatos de Estado.
La aparición a finales de los años 50 de la URSS como una superpotencia, a la ofensiva y reclamando un nuevo reparto del mundo frente a EEUU, supone un hecho trascendental para entender el orden mundial en ese momento.
Esta disputa tiene su centro en el dominio de Europa occidental, la zona de mayor concentración de capital y tecnología del mundo.
EEUU se ve obligada a fortalecer su posición en el continente a través de sus países ‘aliados’ ante un posible ataque de Moscú.
Especialmente en el “vientre blando de Europa” por su posición estratégica. Los regímenes fascistas de Grecia, España y Portugal se convierten en un punto débil por la oposición popular que generaban interna y externamente.
España por su parte y durante los años 60 y hasta 1973 vive la mayor época de crecimiento económico de su historia reciente. Desde 1959 se lleva adelante un plan de industrialización nacional, abriendo la entrada masiva de capital extranjero. Es la consolidación del capitalismo monopolista de Estado, donde los 7 grandes bancos consolidarán su poder sobre del Estado y la economía española. La democracia pasa a verse como mejor alternativa a sus intereses de dominio.
A su vez, este crecimiento generará un cambio estructural en la sociedad. España deja de ser principalmente campesina. El número de obreros industriales y trabajadores en la ciudades aumenta como nunca. Y esa concentración permite la organización de la clase obrera y el pueblo por sus intereses en la clandestinidad. Las condiciones a las que estaba sometida la población por la dictadura fascista, serán el motor de la inmensa cantidad de huelgas y luchas vividas en aquellos años.

La Transición
En los años 70 el régimen franquista es ya un instrumento de dominio cada vez más frágil al que procede sustituir ‘controladamente’ por una democracia. Es necesario cambiar el régimen para conservar el Estado.
Para llevar adelante estos planes, la oligarquía financiera y los EEUU se encuentran con varios obstáculos.
Una es la línea continuista del régimen centrada en la figura de Carrero Blanco, el sucesor de Franco. Su muerte en el atentado perpetrado en 1973 marcará el inicio de la Transición. En los hechos se trata de una reconducción política de primera magnitud, diseñada por Washington y ejecutada fuera del régimen a través del terrorismo de ETA.
Eliminado este obstáculo, la transición se va a prolongar durante 7 años. Años marcados por una crisis de liderazgo en EEUU tras el Watergate que permitió cierta autonomía de actuación a la línea trazada por Suárez.
Los acontecimientos se irán sucediendo unos detrás de los otros. La muerte de Franco en 1975 sólo será un acontecimiento simbólico. Los mecanismos ya estaban en marcha hacía un tiempo.
Pero además estaba la lucha organizada del pueblo.
Desde 1970 a 1978 se desarrolla en España el mayor movimiento de masas de toda Europa, con una extraordinaria amplitud, combatividad y radicalidad.
Esa combatividad se dispara tras la muerte de Franco y tiene su punto álgido en los sucesos de Vitoria en marzo de 1976.
Se pone de manifiesto que la reforma tiene que ir más lejos de lo planeado.
La izquierda ha de ser tenida en cuenta para tomar decisiones. Pero a cambio del desmantelamiento de la organización obrera y popular.
Para ello, será clave, no ya un PSOE reflotado por la CIA y la socialdemocracia alemana en Suresnes, sino la dirección del PCE-CCOO, que desoyendo el clamor popular por la ruptura, llevarán adelante la reforma.
Con la firma de los Pactos de la Moncloa y la Constitución se ratifica el acuerdo. Empieza la desarticulación del movimiento obrero y popular, no sin lucha, pero inexorablemente y sobre la base de la traición.
Pero hay otro jugador. La invasión soviética de Afganistán en 1979 marcará un antes y un después en los siguientes años. Esta invasión supone un desafío abierto al orden imperante. Es el punto culminante de la ofensiva soviética. El mundo entra en una situación prebélica de incalculables consecuencias. Se agudiza la presión a los peones de ambos bandos, provocando inestabilidad, tensión y enfrentamiento en cada uno de los países del mundo.
La respuesta de EEUU no se deja esperar. La línea Reagan toma el mando reorganizando sus fuerzas. Es urgente el encuadramiento militar y político, especialmente en Europa. La línea de neutralidad para nuestro país, encabezada por Suárez tiene los días contados. Se pone fecha y hora para la entrada de nuestro país en la OTAN.
Las reticencias de Suárez son un nuevo obstáculo. Los mecanismos de intervención interna norteamericanos creados en el nuevo régimen democrático se activan. 1980 es el año más violento de nuestra historia reciente. El terrorismo a la izquierda y a la derecha, junto a la actuación de las fuerzas represivas se desbordan ese año. Lo medios de comunicación, la Iglesia, la cúpula militar, CEOE, la gran banca, dirigentes del PSOE y el PCE convergen en la necesidad de acabar con el gobierno de Suárez.
El 23-F sólo fue la traca sobrante para otra reconducción hacia los planes de Washington. No fue necesario volver atrás en el tipo de régimen. Suárez dimite. Calvo Sotelo pone fecha y hora para la integración de España en la OTAN. El proceso de transición desde el franquismo hacia una democracia tutelada por EEUU había finalizado.

De estas lluvias estos lodos.
Mucho se ha hablado estos días sobre la Transición. Pero el discurso oficial sólo busca enmarañar los acontecimientos para que no podamos ver el fondo.
El fondo empieza por ver que no se trató de un pacto entre políticos y la actuación estelar del Rey. Estos personajes actuaban en consonancia a un plan que ellos no habían dictado.
Es el misterioso caso de la desaparición de quien sí organizó un cambio de régimen para sus intereses. Con todos los mecanismos que fueran necesarios. La oligarquía financiera española capitaneada por los EEUU. Acomodando sus multimillonarios intereses bajo el ala de la potencia más fuerte. Permitiendo la injerencia yanqui en nuestras vidas para manejar nuestro destino hacia unos intereses ajenos.
Esa misma oligarquía, es la que, durante 40 años, impuso el terror y la miseria al pueblo español. Su enriquecimiento posterior se basó durante bastantes de eso años, en el trabajo semi-esclavo llevado por el miedo. Y no era para menos.
140.000 desaparecidos, un millón de internos en campos de concentración, decenas de miles de personas empujadas al exilio, un mínimo de 300.000 encarcelados. El rapto y robo de niños en las cárceles o directamente a sus madres al nacer.
España es la única democracia que no ha realizado ninguna investigación sobre el terrorismo de Estado una vez acabada la dictadura.
Eso es la Transición. Un lavado de cara de los mismos. Sin rendir cuentas. Pero el precio a pagar es muy alto. Y lo pagamos los de siempre. Sí, no actúan mediante el terror directo hoy en día. Gracias. Pero seguimos bajo los designios de un imperio, el de EEUU que nos expolia con sus multinacionales y fondos de inversión, nos controla con sus servicios de inteligencia, nos chantajea y hace pagar la factura de sus crisis, y disfruta de nuestro suelo para sus actividades militares.
Ya se encargaron de desarticular la única forma que tenemos de defendernos. La organización obrera y popular. Y lo hicieron muy bien. Las mejores fortalezas se toman desde dentro. Mediante la traición que genera un síndrome posterior. El desencanto.
Pero no nos engañemos. En el discurso oficial también vemos otra misteriosa desaparición. La del sujeto revolucionario. Y no es casualidad.
Un pueblo unido y organizado por sus intereses, dirigido por ese sujeto revolucionario, el proletariado, es el único que les ha plantado cara de verdad. Y en España lo sabemos muy bien. Así que aprendamos de nuestra propia historia. Quitémonos la venda de los ojos para establecer un camino nuevo por la conquista de una verdadera democracia.













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