Expediente Abierto

Noticias sobre España, Latinoamerica, cultura y mucho más.

¿Se está volviendo América Latina de extrema derecha?

Extrema derecha en América Latina
Comparte.

Los últimos comicios electorales, con el triunfo de José Antonio Kast, admirador de Pinochet, en Chile, y el ultraconservador Tito Asfura, en Honduras, bajo sospechas de fraude electoral, hacen intuir un giro de América Latina hacia posiciones de ultraderecha. Trump está recuperando a marchas forzadas la influencia norteamericana en el continente, perdida en los últimos 30 años. En este caso, sin embargo, no debemos quedarnos en las intuiciones. Hay que analizar con frialdad la situación. Ni América Latina está tomada por la ultraderecha, ni los últimos movimientos de Trump están consolidados.

En el momento actual, no se puede valorar la política iberoamericana en términos de derecha y de izquierda. Sino de gobiernos alineados con Washington y ejecutivos que defienden una autonomía para sus países.

Los Milei, Noboa o Bukele, aunque sean capaces de canalizar el descontento social y afrontar problemas reales como la inseguridad ciudadana, todos cuentan con contactos con partidos neofascistas de Europa y, lo peor, aceptan la batuta de Estados Unidos. La historia nos ha demostrado que ningún país se puede trazar un destino propio, mejor o peor, si no se escapa de la órbita norteamericana.

Mirando fríamente los datos, los gobiernos pro-yanquis de extrema derecha acaparan menos del 40% del territorio latinoamericano. La mayor parte de la región continúa siendo autónoma. Con bastiones fuertes como Brasil y México, y con países como Venezuela y Colombia, donde el cambio se impone por la fuerza militar. Que es como decir que vas a hacer una transición con una pistola apuntando directamente a tu cabeza.

Gobiernos de derechas en Latinoamérica

El giro está impuesto por la Casa Blanca.

El avance de la Extrema Derecha en todo el mundo, en los últimos años, no obedece a cambios sociológicos, sino a un plan diseñado y ejecutado por Trump.

En su primer mandato, Donald Trump envió a su asesor, el ex-banquero Steve Banon a estructurar y organizar la extrema derecha en Europa. El objetivo era debilitar a la Unión Europea, que en su desarrollo puede convertirse en un rival para EE.UU. El mayor éxito en política internacional del primer mandato de Trump fue el Brexit británico. Romper la Unión Europea desde dentro.

Respecto a América Latina, la dinámica fue apoyar gobiernos afines en países relevantes y descabezar ejecutivos que representaban un modelo para el resto: Apoyar a Bolsonaro en Brasil o expulsar a Evo Morales de Bolivia.

Para su segundo mandato, la estrategia de Donald Trump ha cambiado. Mientras pretende presentarse ante el mundo como el gran pacificador, precipita una cascada de cambios para crear una dinámica que le permita imponer sus intereses.

Es decir, en estos momentos no es tan importante para Washington tener el poder en países decisivos, sino ir acumulando influencia en muchos países. Así crea la impresión de que América Latina, y el mundo, están cambiando. Desde su punto de vista, bajo esa bola de nieve, hasta los países más fuertes o más rebeldes, caerán.

A EE.UU. no le interesa la democracia en América Latina.

 A lo largo de su historia, EE.UU. ha diseñado golpes militares como el de Pinochet en Chile, ha apoyado dictaduras como la de Videla en Argentina, creó la Escuela de las Américas, donde formaba grupos militares y paramilitares para atacar a movimientos revolucionarios y un sinfín de tropelías que darían para escribir una enciclopedia. Ningún gobierno norteamericano jamás ha denunciado estas acciones.

El interés de EE.UU. sobre Latinoamérica obedece a dos razones. La primera de ellas geoestratégica. Para EE.UU., América Latina es su patio trasero. Su rancho, donde puede hacer y deshacer a sus anchas. Y donde debe eliminar cualquier voz discordante. Un ejemplo de ello es Cuba. A la Casa Blanca le da igual si Cuba es una democracia o una dictadura. Si es rica o es pobre. Para ellos, Cuba es un grano en el culo que desafía su autoridad.

La segunda razón, evidentemente, es la de expropiar las riquezas del continente. El petróleo en Venezuela, el Litio en Bolivia, la carne y los cereales en Argentina o convertir Colombia en un país que produce alimentos de lujo como café y cacao, pero que para dar de comer a su gente debe importar trigo y carne a EE.UU.

En 1823, el presidente de EE.UU. dicta la Doctrina Monroe. “América para los americanos”. Una de las líneas maestras de la política internacional estadounidense. En virtud de la cual, EE.UU. se reservaba el derecho a ser la potencia decisiva que interviene en América. Una de sus primeras acciones fue su participación en la Guerra de Cuba, en 1898. Fruto de la cual, Puerto Rico pasó a ser un Estado Asociado; es decir, una colonia de EE.UU. en los hechos, y la nueva Habana, un lugar de recreo para la mafia y las clases pudientes norteamericanas.

“America First” es la versión de Trump de la Doctrina Monroe. Con su discurso, se antepone la grandeza al nacionalismo. Los países se harán grandes con gobiernos de extrema derecha implacables u osados, pero la dirección de ese país está en realidad a miles de kilómetros de distancia.

Una derecha peligrosa.

Las fórmulas políticas que apoya Trump para América Latina son profundamente peligrosas. Atacan a las instituciones democráticas, como cuando miles de seguidores de Bolsonaro asaltaron el Congreso Nacional, el Palacio de la Presidencia y la sede del Tribunal Supremo como reacción ante la pérdida de las elecciones.

Para combatir a las bandas organizadas, Bukele en el Salvador ha instaurado la ley marcial. Con un sistema de justicia donde ha desaparecido la presunción de inocencia y con cárceles en las que Guantánamo parece un paraíso. Podemos creer que es una medida acertada, pero cuando los principios básicos de la justicia se dinamitan, la arbitrariedad puede aplicarse a cualquier ciudadano, sea criminal o no.

Aún nos queda investigar como El Salvador, que en los años 80 estuvo a punto de vivir una revolución socialista, 40 años más tarde esté tomada por bandas criminales. O como en Ecuador, después de los gobiernos de Correa, que se negaron a ceder a la extorsión financiera internacional en forma de deuda externa, haya terminado prendiendo la delincuencia como lo ha hecho. Parece que la pobreza y las desigualdades son uno de los abonos preferidos para el crimen organizado.

Con Milei se aprecia la esencia de las políticas de ultraderecha. Bajo una apariencia y un discurso estrafalario, que podría parecer antisistema, se esconde una política económica basada en vender los servicios del Estado y el país entero a precio de saldo, empobreciendo a la población y dejándola indefensa. Entregando las riquezas nacionales a monopolios norteamericanos y europeos. Con vendedores tan buenos, Trump ya sabe dónde comprar.

Barcos norteamericanos frente a Venezuela
Barcos norteamericanos frente a las costas de Venezuela

Los errores de los gobiernos de izquierdas.

No debemos perder nunca de vista que el imperialismo actúa sobre las contradicciones internas. Yugoslavia se desmembró en dos guerras cruentas en las que primero Alemania y después EE.UU. azuzaron las rencillas que existían entre los pueblos de los países que formaban la federación yugoslava.

Por eso, los errores en cuanto a la gestión del país, la inseguridad ciudadana, los problemas para combatir las desigualdades, los recortes de libertades o la corrupción en las instituciones son alimento para que los planes de Trump avancen en el continente.

La historia de América Latina nos recuerda una y otra vez la novela “Cien años de soledad”, de García Márquez. El personaje de la familia Buendía que en cada generación emprende un proyecto ilusionante y que con el tiempo termina fracasando o convirtiéndolo en su contrario. En la realidad, hay muchos que esperan que los proyectos en América Latina fracasen. En especial, el águila que vive en las montañas del norte, que ha demostrado ser un carroñero, más que una rapaz.

El problema de este artículo es que está escrito desde España y que falta conocimiento concreto de la realidad de los países. Pero en el caso de Venezuela, que es uno de los más preocupantes, aparte de que tengan la Sexta Flota apuntando a sus puertos y hundiendo barcos de pescadores, el gobierno de Maduro debe plantearse seriamente qué ha hecho para tener a su pueblo dividido. Esta división solo le sirve a EE.UU. La alternativa a Maduro está amparada por Trump. Y eso da más miedo de lo que hay.


Comparte.
4 comentarios
Jamie Davenport

naturally like your web site however you need to take a look at the spelling on several of your posts. A number of them are rife with spelling problems and I find it very bothersome to tell the truth on the other hand I will surely come again again.

Luis J. de la Torre

Gracias, Jamie. Lo tendré en cuenta. De todos modos, esta web está escrita en español. No sé que traducción hará el traductor web.

Adam Cantu

I am truly thankful to the owner of this web site who has shared this fantastic piece of writing at at this place.

Luis J. de la Torre

Gracias, Adam por comentar. Tus palabras me animan a seguir publicando.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *