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MARÍA ANTONIETA: CÓLERA, CLAVECÍN Y CORTE

María Antonieta
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                                                                                                        Versalles, tarde

Interior del Palacio

¡Clonk! «¡¡Otra vez!! ¡¡Esto es inconcebible!!», chilló mientras, furibunda volvía a lanzar su clavecín sobre la cama. De haberlo estampado contra el suelo, lo sabía, lo habría hecho añicos, reventándolo, como suele decirse, en mil pedazos.

«¡Daaaarghhhhhh!». De haber sido emitido por el mismísimo Can Cerbero, aquel aullido no hubiese resultado más aterrador. ¿Lo peor? Aquella no era, ni mucho menos la primera vez. Iban… Había perdido la cuenta… Aunque esto jamás lo hubiese admitido.

La primera vez una mujer había resbalado, dejando caer al suelo un juego de elegantes tazas listas para ofrecer un suculento té verde: la segunda, un mozo había perdido el equilibrio, cayendo al suelo con tan mala pata que, tirando de las bridas de su caballo, casi terminó por ahorcarlo… Y pensar que aquel alarido procedía de una pequeña nena de tan solo 9 añitos… ¡Aquello no podía ser!

Rauda, volvió a hacerse con su instrumento para, una vez más, volver a lanzarlo airada contra la cama. Aquel torrente de ira, sencillamente, no hallaba fin. ¡Era una auténtica pesadilla!

«¡¡Carente de talento ,¿yo?!! ¡¡¿Pero cómo se atreve»!!». Súbitamente, la pequeña propinó un violento puñetazo a su escritorio. «¡Imbécil», siseó, venenosa, «¡Estúpido, estúpido!». «¡¡Te colgarán por esto!! ¿Con quién te crees que estás hablando, imbécil?».

¡¡Chrack!! Su suntuoso vestido acababa, sí, de hacerse girones, al menos por la parte trasera, junto a la manga bordada adornada de finísimo encaje el cual, llorón, comenzaba a deshilacharse poquito a poco, sin prisa pero sin pausa.

«¡¡¡Voto a bríos que te colgarán por esto!! ¡¡Christoph Willibald Gluck!!, renombrado compositor de la época!!? ¡¡Ja!!» Colérica, la pequeña lanzó una patada al aire, movimiento que hizo volar su zapatito hasta estrellarse contra una de las lámparas del aposento, resquebrajando su pantalla.

«Algunos veremos salir el Sol, otros no, ¿no es así, señor Gluck? ¡Sí! ¡Lo que pasa es que usted todavía no lo sabe! ¡Ja, ja, ja, ja, ja!» Lasciva, la pequeña se llevó la lengua a los labios, humedeciéndoselos. ¿Relevante compositor musical? Veamos, pues, si el chelo le salva de la espada» «¡¡Soldados, a mí, yo, María Antonieta, futura Monarca en Jefe de Austria os lo encargo!!» «¡Mañana al amanecer descabezaréis a Christoph Willibald Gluck!!»

«¡¿Ejecutante mediocre de clavecín?!» «¡¡Ja!! ¡¡Prepárate, idiota, con él entonaré tú Réquiem!!»[1]


[1]Historia ficcionalizada a fin de mostrar los defectos de carácter de la Monarca. Huelga decir que, evidentemente, ésta  nunca intentó quitar la vida a Christoph Willibald Gluck, quien fuera su profesor de música.


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