El actor Antonio Resines explica cómo la interpretación no es un don innato, sino una actividad que esconde una ingente cantidad de trabajo de estudio, preparación y formación. El actor no nace, se hace.
Gran parte de la información que expongo en este artículo proviene de una Newsletter que escribe Antonio Resines. “La Niusleter de Resines”, cuyos textos me envía cada cierto tiempo a mi correo electrónico y a la que me propuso suscribirme porque en el perfil de LinkedIn aparezco como periodista freelance. Aunque no muy prolija, puedo decir que en la “Niusleter de Resines” se publican verdades como puños.
Como cuando afirma que ser actor es un oficio. “Algunos somos guapos, pero genios hay muy pocos” – señala Resines. Si piensas que por tu cara bonita te vas a labrar una carrera en el cine, estás muy equivocado. Con suerte saldrás en dos o tres películas.
Un gran porcentaje del trabajo de un actor es la preparación. “Yo lo aprendí hace ya muchos años, porque tuve la suerte de trabajar con capitanes generales de este oficio: Manuel Alexandre, José Luis López Vázquez, Alfredo Landa… no os quiero contar cómo se ponía Fernando Fernán Gómez si culeabas con una frase. Se te caían los palos del sombraje.” – Dice Resines.
Para ser actor tienes que estar formándote continuamente. Ya no es solo aprenderte los textos y preparar los personajes. Debes ir mejorando tus técnicas de interpretación
La presencia en escena o la seguridad delante de las cámaras son habilidades que se van adquiriendo con el tiempo. Comenta Resines.
Opera Prima.
Antonio Resines sabe muy bien lo que dice. Entró en el mundo del cine en 1980 por casualidad, No venía de ninguna escuela de interpretación tipo “Cristina Rota”. Es más, no sé si Cristina Rota estaba en España en 1980. Se lo preguntaré a su hijo, si alguna vez me vuelvo a cruzar con él.
Resines estudiaba Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, pero sus amigos eran los Fernandos (Fernando Trueba y Fernando Colomo) y Carlos Boyero, el periodista que con el tiempo se convertiría en el crítico de cine de cabecera del periódico El País.
En fin, un grupo de frikis que se habían criado viendo películas en cines de barrio, que pasaban las tardes hablando de Billy Wilder en la cafetería de la facultad de periodismo y que soñaban algún día con hacer cine. Y la oportunidad llegó.
En 1980, Fernando Trueba dirige su primera película, “Opera Prima.” Una magistral comedia de situación rodada con pocos medios. Casi toda la película se desarrolla en un apartamento, como si fuera una obra de teatro.
Trueba monta una película con multitud de personajes que es capaz de introducirlos por medio de cameos. Pequeños papeles que se interpretan a modo de colaboración. Por la película pasan el Gran Wyoming, Marisa Paredes, Kiti Mánber y “El Pirri”, que salía en las películas Quinquis de Eloy de la Iglesia.
El protagonista de la película es el actor Óscar Ladoire, quien es además coguionista y, probablemente coproductor. Pero para disponer de un secundario de peso, Trueba recurre a su amigo Resines, quién actúa haciendo de amigo del protagonista, pero en realidad es el amigo del director.
Sin darse cuenta, Resines se mete de lleno en el cine español de los 80. Lo hace porque su imagen encaja con la de una persona normal y corriente. Un señor cualquiera que te puedes encontrar cuando caminas por la calle. Gran parte de sus papeles son de marido o ex – marido de mujeres resueltas como Verónica Forqué o Carmen Maura. Un personaje normal, para contar historias normales.

Más sobre Antonio Resines.
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Aprender a reinventarse.
La mayor parte de la carrera de Resines se ha desarrollado en la comedia, pero es un actor todoterreno. En mi opinión, el papel de su vida lo interpretó en “La Buena Estrella”, en 1997, un drama emocional, de una gran fuerza contenida, que en cualquier momento puede explotar, dirigido por Ricardo Franco.
Un actor es eso. Interpretar lo que te pongan. Es como un músico. Puede ser que te hayas formado en una banda de Rock, pero sí Isabel Pantoja te contrata para que toques el bajo en una gira, lo haces sin pensar, porque hay que llevar dinero a casa.
Cuando el cine español cambió, empezó a meter acción para competir con Hollywood, y el español medio dejó de ser un señor calvo con bigote, Resines se reinventó.
Y empezó a colaborar en programas de televisión haciendo, supuestamente, de sí mismo. Un simpático cascarrabias que está de vuelta de todo. Es una manera de mantenerse visible. De mostrar que estás ahí para que te llamen. El cine es así. Te llaman o pasas castings. Hay quien lo hace en Redes Sociales. Pero Resines maneja bien las cámaras. Tiene oficio.
He querido referirme a este correo de Antonio Resines porque su reflexión es extrapolable a todo el sector de la cultura. A los escritores, a los pintores, a los músicos… A los periodistas freelance. Aquí no hay genios. Aquí hay gente que trabaja todos los días, o se prepara para hacerlo.















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