Podcast Venezuela
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«Mamar gallo sabemos todos» iba a escucharse repetidamente una y otra vez durante aquel largo trayecto por las calles venezolanas. Otros, más espontáneos y envalentonados se quedaban mirando y se reían. «¿Pero a quién se creerá éste que mama el gallo? Vaya, vaya con el rubito».

Durante aquel viaje a Venezuela, esto es un hecho, no todos tomaron bien la presencia de aquel muchacho a causa de su apariencia española, pues este tema acostumbra a tener muy divididas a las sociedades latinoamericanas en su conjunto.

Efectivamente, hay quien observa al español con no poco recelo por aquellos viejos tiempos de conquista, en tanto que otros se decantan a su vez por procesarle respeto debido a todo aquello que dejó en los países de América Latina. Claro que todo esto depende, en esencia, de a quién le preguntes.

“La Revolución Francesa es el acontecimiento más importante de la Historia Occidental”, entraría expresando aquel joven muchacho, apoyándose a su vez en otros Historiadores y eruditos de índole netamente académica.

Al otro lado, los entrevistadores de raíces venezolanas sonreían, cariacontecidos. No era para menos, pues ambos contaban con un periplo vital significativamente mayor que el de aquel imberbe pipiolo. “¿Acaso pretenderá enseñarnos algo a nosotros?”, parecían traslucir sus miradas en las cuales podía adivinarse un eco burlón o, tal vez, condescendiente.

Y es que aquel medio de comunicación venezolano no era precisamente un lugar de baja estofa. Y ellos, claro, bien lo sabían. Tranquilos tomaron asiento con la inamovible certeza de “jugar en casa”.

Por suerte o por desgracia aquella complaciente socarronería duraría apenas cinco minutos. Y es que, en su aparente seguridad en sí mismos, semejantes individuos olvidaron algo: quien les visitaba se trataba, ni más ni menos, que de un experto de relevancia Nacional e Internacional.

Entre aplausos, el muchacho sonrió. «¿Quién mamaba gallo ahora?». Tiempos Convulsos entraba en Venezuela por la puerta grande. Y aquello era ya un dato objetivo. Gustase o no.

Salto Ángel, una maravilla que explica por qué Venezuela merece ser descubierta

Si hay un lugar de Venezuela que merece ocupar un puesto prioritario en la agenda de cualquier viajero, ese es el Parque Nacional Canaima y, dentro de él, el Salto Ángel. Situado en el sureste del país, cerca de las fronteras con Guyana y Brasil, Canaima es un territorio gigantesco, de unos tres millones de hectáreas, dominado por los tepuyes, esas enormes montañas de paredes verticales y cimas planas que parecen pertenecer a otro mundo.

El gran protagonista es el Salto Ángel, conocido también por su nombre indígena Kerepakupai Vená. El agua cae desde el Auyán-tepui y alcanza los 979 metros de altura, lo que lo convierte en la cascada de mayor caída ininterrumpida del planeta. No es únicamente una cifra impresionante: contemplar el agua precipitándose desde una pared de roca, entre nubes, selva y niebla, es una experiencia difícil de comparar con cualquier otro paisaje turístico.

Además, Canaima no es solamente una catarata. El parque reúne ríos, lagunas, rápidos, selvas y decenas de tepuyes en un paisaje cuya singularidad llevó a la UNESCO a declararlo Patrimonio Mundial en 1994.

¿Por qué visitarlo?

Porque el Salto Ángel ofrece algo que muchos destinos espectaculares no pueden ofrecer: una sensación auténtica de inmensidad. No se trata de llegar a un mirador urbano, hacer una fotografía y continuar el viaje. Aquí el paisaje es el viaje.

La combinación de roca, agua, selva y silencio crea una experiencia profundamente distinta. Los tepuyes, además, constituyen una formación geológica excepcional y albergan ecosistemas de gran interés científico. El propio parque conserva algunos de los paisajes más antiguos y singulares de la región de Guayana.

Venezuela cuenta con playas caribeñas, ciudades históricas, montañas y otros espacios naturales extraordinarios. Sin embargo, Canaima concentra en un mismo lugar una de las grandes maravillas naturales del planeta y un paisaje que difícilmente puede confundirse con ningún otro.

Por eso merece ser elegido. Porque visitar el Salto Ángel no consiste simplemente en conocer una cascada famosa: consiste en entrar, durante unos días, en uno de esos rincones del mundo que parecen recordar al viajero que todavía existen lugares capaces de dejarlo sin palabras.

Y esa quizá sea su mayor virtud: no necesita artificios para impresionar. La naturaleza hace aquí todo el trabajo. En una época en la que muchos viajes buscan experiencias inmediatas y fácilmente intercambiables, Canaima propone justo lo contrario: contemplar, explorar y asombrarse ante un paisaje verdaderamente irrepetible y memorable siempre.


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Por Santiago García Lucio

Escritor y periodista. Experto en la Revolución Francesa. Autor de la novela "El espíritu de Marat" y director del Podcast de YouTube "Tiempos Convulsos".

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