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Elvira de la Fuente, la peruana que engañó a los nazis.

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El escritor peruano, Hugo Coya, reivindica el papel que cumplió esta espía durante la segunda guerra mundial en su novela “Los secretos de Elvira”. Según la BBC, su actuación fue decisiva para prevenir un ataque aéreo químico sobre Londres y para sembrar desconcierto en las filas alemanas durante el desembarco de Normandía. Elvira de la Fuente fue una agente destacada de la Doble Cruz, una división del servicio de inteligencia británico encargada de facilitar información falsa a los nazis.

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Elvira de la Fuente era hija de un diplomático peruano afincado en París. Se formó en colegios exclusivos de la capital francesa y hablaba con fluidez francés, alemán, inglés y castellano.

A pesar de que asistió a la universidad, Elvira, desde joven, llevaba un estilo de vida descontrolado. Amante de las fiestas y del desenfreno, se le atribuyen múltiples romances con personas de ambos sexos y protagonizó diversos altercados contra el orden público en un alto estado de embriaguez.  

En 1934 se casa con el empresario belga Jean Claudour, heredero de una rica familia dedicada a la compra-venta de oro. Su marido, con el que comparte el mismo estilo de vida, la abandona 4 años más tarde.

Sin recibir dinero ni de su ex-marido, ni de su padre, aquejada de no encontrar trabajo, según ella, por su origen peruano, se marcha a vivir a Londres. Donde acude con frecuencia a fiestas de postín en busca de mecenas que sufraguen su tren de vida.

Es en ese momento cuando la recluta el servicio secreto británico. La Segunda Guerra Mundial acaba de comenzar y Elvira cumple un perfil perfecto para poder recabar información del enemigo. Tiene nacionalidad peruana, un país neutral, lo que le permite moverse con libertad por toda Europa, conoce idiomas y sabe desenvolverse con naturalidad en las fiestas de alta sociedad. Elvira no era especialmente bella, no era una Mata Hari, pero si era una chica divertida que se ganaba con facilidad la confianza de los hombres. Son estas las características que le permitirían pasar desapercibida, sin despertar sospechas de que era una espía. Elvira acepta el trabajo para poder mantener su estilo de vida.

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Su loca incursión en la Abwehr. (Servicio Secreto Nazi).

En 1942, con Francia ocupada por Hitler, Elvira se desplaza a Vichy, donde se ha instalado el gobierno francés, con la excusa de visitar a su padre. Por mediación del propietario de un hotel de la ciudad, Elvira conoce a Helmut Bliel, comandante de la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana, con quien mantendrá una apasionada aventura, y al que llamaba de forma cariñosa “Bibi”. Será el militar el que la introduzca en el servicio secreto nazi.

Durante casi tres años, Elvira se pasó el tiempo viajando entre Francia, Alemania e Inglaterra. Acudiendo a fiestas y entablando relaciones. En una entrevista que concedió en 1995, poco antes de morir, reconoce que fueron años divertidos. En ningún momento temió por su vida, ya que según ella, contaba con buenos amigos en ambos bandos. Su forma de operar siempre fue la misma. Mezclaba secretos de Estado con chismes de alta sociedad. A pesar de que pudiera parecer una espía doble, la mayor parte de la información que facilitaba a los nazis era falsa, algo que ellos no detectaban debido a la fiabilidad de sus fuentes.

Un episodio curioso fueron los datos facilitados antes del desembarco de Normandía. Los alemanes sabían que las tropas aliadas desembarcarían en las costas del norte de Francia, preveían la fecha aproximada, pero no sabían el lugar exacto. Tras regresar de un viaje a Londres, Elvira comunica a su enlace alemán que los aliados tienen previsto desembarcar por el golfo de Vizcaya. La información se la ha facilitado un alto mando del ejército británico, con el que Elvira mantiene una relación, digamos, un poco especial. El dato no convence a los estrategas alemanes, pero por si acaso, deciden desplazar efectivos militares a las costas del Cantábrico, lo que desprotege un poco más las playas de Normandía.

Terminada la guerra, Elvira se instaló en el sur de Francia, cerca de Cannes, con su nueva compañera, Carmen. Otra mujer de origen hispanoamericano a la que le gustaba la vida alegre. Desde entonces, Elvira vivió  prácticamente olvidada y pasando momentos de estrecheces económicas. El escritor Hugo Coya recupera su memoria y desempolva esta vida de película en su última novela.  


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